¿Alemania somos todos?


En otras palabras, o incidiendo en lo dicho en un anterior artículo/post sobre Alemania:

Alemania somos todos, porque para que ella sea lo que es, otros muchos países europeos se tienen que ‘sacrificar’ al no controlar su moneda. No verlo así es como quejarse de la ayuda al desarrollo dada a regiones de las que se extraen ingentes recursos.

Es verdad que Alemania paga, subsidia o financia las ‘vías de tren’ de los países periféricos, ¿pero a quién compran estos – o han de comprar – las máquinas (‘locomotoras’ incluidas)? En la balanza económica/comercial una cosa son los fondos públicos y otra los privados, y para un buen análisis se han de tener en cuenta ambos. Los recursos/fondos de terceros países y regiones atraídos a Europa gracias a esas infraestructuras (por ejemplo, a través del turismo) son las que mantienen vivo el ‘mercado’ natural alemán (los países de la Zona Euro).

Por tanto, las supuestas generosas ayudas no dejan de ser inversiones (una gran inversión a la vista de los datos) para que su ‘maquinaria’ funcione a pleno rendimiento. No puede hablarse con tanta ligereza de las distintas economías de Europa (como ‘cosas’ separadas), y menos aceptar desprecios y/o ‘agresiones’ (últimamente de actualidad), cuando la única razón de los periféricos para admitir el ‘cinturón’ del euro era y es la integración económica; la nueva fortaleza surgida (salida) de una economía única.

Nuestra principal ‘región económica’ se ha de llamar ‘Europa’, siendo gracias a ella que, como unidad, exportamos a los países emergentes de Asia y Sudamérica (allí donde va ahora el dinero). Que esto sea o se haga a través de la potente industria alemana – porque evidentemente tenían y tienen las condiciones – no deja de ser anecdótico. Lograrse se logra con el esfuerzo y sacrificio de todos.

Quien pretenda atribuirse individualmente el mérito tendrá que verse a si mismo sin sus socios del euro y, entonces, constatar cuál es el efecto. Pero más bien parece que algunos quisieran asegurar sus exportaciones agudizando, más si cabe, las crisis periféricas.

Los alemanes, comprando fuera, sacan dinero de su precario sistema financiero, pero nuestros problemas (los de ‘los periféricos’) tiran del euro para abajo lo que empuja el ritmo de sus ventas – al menos como primer efecto.

Por supuesto, las casualidades existen, al igual que los errores debidos al nerviosismo, pero asimismo existe el egocentrismo y el instinto de supervivencia. El que no siempre de forma deliberada o consciente, pero sí muy certeramente, dirige sus acciones contra aquél en posición más débil – aunque capaz de aligerar la carga al (supuestamente) más fuerte. Pienso ahora en la famosa ‘crisis de los pepinos’.

Si el planteamiento político-económico de la `Unión´ ha pasado a ser otro, cada uno batallando por su cuenta sin importar dañarse mutuamente, es tiempo de reivindicarse con fuerza y, claramente, decir: ‘así no seguimos’. Ésta sería la mejor manera de cambiar algunas cosas.

Con socios desleales o desagradecidos (teniendo en cuenta a quién beneficia, hoy por hoy, más el modelo) no se camina. Ya lo advirtió el pueblo irlandés en su momento, aunque luego se buscaran fórmulas para neutralizar su efecto. Este juego requiere algo más que lamentos y quejas. Sobre todo si pensamos que, gracias a nuestros enormes vínculos con Sudamérica (hoy proyectada como gran economía emergente), además de a algunas de nuestras propias virtudes, el futuro desarrollo de Europa también pasa por España (a poco que nos esforcemos, nos lo creamos y contemos con algún liderazgo).

De momento, sería bueno que se empezara a diversificar la ubicación de ésta ‘nuestra’ industria europea, del mismo modo que los trabajadores nos tendríamos que ir mentalizando para movernos de unos países a otros.

Aplicando unificados criterios en la gestión de lo económico (que no iguales) y fomentando en cada Estado una verdadera cultura de unidad (europea), se hallaría el equilibrio entre ambos tipos de movimiento: el del capital humano (el de la habilidad, el conocimiento y el talento) y el del inmovilizado (el de las estructuras, el saber hacer y la experiencia). Pero en ningún caso puede pretenderse sólo el primero. Todos las ventajas deben ser económicamente bidireccionales. Lo demás ya forma parte del pasado.

About fernando de souza diaz pavon

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One Response to ¿Alemania somos todos?

  1. Omar says:

    Dos detalles: uno, x mucho q sea Alemania quien más paga en la zona euro, no está ni de casualidad primera si se hace la cuenta en pago per cápita… Y dos, habría q resucitar al esperanto para q estuviéramos todos en igualdad de condiciones en cuanto a movilidad laboral se refiere.

    Bss

    Omar

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