El ocaso (político-económico) europeo


Se echan en falta discursos con palabras como interés público, tolerancia, bienestar, progreso social, y también innovación, espíritu emprendedor, educación. Y por supuesto, sociedad civil, ante esa necesidad tan vigente de ‘romper la cápsula en que se encuentra instalada la clase política’.

Hace poco leí uno de ellos, de Andrés de S. Iglesias, Presidente de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.

El problema es que, como el mismo discurso señala, la condición para la ruptura de la citada cápsula de los políticos es la capacidad de liderazgo de aquellos que están en posición de hacer algo; y también la humildad [de dichos políticos] para atender las opiniones de quienes pretenden colaborar con la crítica. Se explica en el artículo que vivimos una grave crisis del mundo occidental, sobre todo por la necesidad de buenos políticos capaces de influir en la sociedad y liderarla, y así romper el abismo que se abre entre ellos y el pueblo. Un problema no sólo local sino de toda Europa.

Sin duda, esto es así, pero creo que no es tanto un problema de personas como un problema de modelo.

¿Qué vemos actualmente en la Europa institucional? Burócratas y tecnócratas (Barroso, Van Rompuy, Catherine Ashton, …. ), más adecuados entre dosieres en el despacho trasero de alguna oficina que al frente de uno de los proyectos políticos transnacionales más grandes de la historia. Pero ahí están, pretendiendo influir y cohesionar a un pueblo tan diverso como el europeo. Y lo están porque así se ha decidido de forma deliberada y consciente. Primero, por los únicos mandatarios que manejan esto, los de Francia y Alemania, curiosamente casi siempre de la mano (el llamado Merckosí). Esos que crean crisis periféricas artificiales, que nunca piden disculpas por sus errores y que ya sólo buscan su propio beneficio eludiendo toda interferencia. Y segundo, por los que se dejan manejar; entre ellos, ‘grandes’ como España, que aceptan las reglas que les imponen sin apenas discusión.

Por ejemplo, ¿cómo se explica la precipitada ampliación de la Unión hacia el este con multitud de países de escaso valor y apenas crecimiento y, sin embargo, la pertinaz obstaculización de la entrada de un enorme mercado puente y emergente como Turquía? Sólo por el mantenimiento del ‘eje’ en su lugar actual, entre París y Berlín, dadas las cuotas de poder vinculadas al peso económico y poblacional. Cuando les queramos llamar, ya se habrán dado cuenta de que no nos necesitan; de que hay otros socios en el mundo mucho más pujantes y atractivos. Casi como le ha pasado a España con Latino América. El año pasado, el de su clara emergencia, le dimos puerta con la ausencia de ‘ZP’ en la anticuada cumbre Iberoamericana – más pensada para transiciones político-democráticas que para potenciar relaciones económico-comerciales – y este año nos la han devuelto los hispanoamericanos con la no asistencia de la mitad de los líderes y, entre ellos, ninguno de las principales potencias.

Termino temiendo que la peligrosa reacción frente a un gobierno de burócratas y tecnócratas sea el populismo más radical. Algo que le ha ocurrido históricamente a América Latina y que, seguramente, llegará también a Europa cuando termine la actual fiebre de los recortes cuyo horizonte es tan corto como los propios recortes.

Más nos valdría abordar las verdaderas causas de la pérdida de competitividad (tema para otro debate).

En mi opinión, no faltan ni personas capaces ni líderes (nunca faltan en ninguna sociedad), falta un modelo que los canalice para darles su sitio. Nuestro sistema de partidos, tal y como está articulado, sobre todo en España, pero no sólo, únicamente conduce a la democracia escasamente representativa en la que estamos. Los movimientos, asociaciones e instituciones salidos directamente de la sociedad civil es verdad que tienden a llamar la atención sobre las consecuencias de esta situación, sobre sus males y efectos, pero el cambio sólo se producirá con una actualización profunda del modelo, no por apelar, con crítica, lamento y/o indignación, a la clase/casta política. Eso es como apelar a la buena voluntad de los únicos que saben y se sabe pueden mandar.

Ni más Europa, ni más patria, sino mucha más democracia para esta Europa en decadencia a las puertas de un ‘nacionalismo populista fragmentador’.

About fernando de souza diaz pavon

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6 Responses to El ocaso (político-económico) europeo

  1. Daniel picazo says:

    Genial. Excelente reflexión. Enhorabuena !!!

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