Abaratando el despido


No entro a valorar el precio justo compatible con la competitividad, pero la lógica de la indemnización por despido debe ser la exclusividad. Por ello, va en relación con la antigüedad. A más antigüedad (en exclusiva) más indemnización. Algo así como la pensión de compensación en separaciones y divorcios. Se justifica por el compromiso que, asumido durante años, limita los medios y posibilidades de uno de los cónyuges. Cuando además, en lo laboral, cada vez son más los puestos y empresas que nos llevan a una especialización poco útil fuera de las mismas.

Las compañías exigen a sus empleados que trabajen en exclusiva para ellas, pero esto conlleva un riesgo para el trabajador que se debe compensar de algún modo: bien con una clausula que le proteja si dicha relación se rompe por decisión unilateral de la organización, bien con un paraguas público suficientemente amplio. En otros países, la indemnización privada (la de la empresa) – lo que asociamos al concepto ‘flexibilidad’ – es verdad que es menor que en España, pero la protección pública (prestación por desempleo) mucho mayor y duradera. Por no hablar del resto de servicios que provee el Estado.

Se trata, pues, de elegir o de buscar el equilibrio entre la responsabilidad privada de las compañías y la solidaridad colectiva ante quien se ve perjudicado y más o menos indefenso. Imaginemos a un autónomo que le pide exclusividad a un proveedor. Seguro que éste también le exige alguna cláusula de salvaguarda. O a una compañía que pide lo mismo de un autónomo. Es lógico es que el mismo cobre una cantidad superior a la de un empleado con funciones equivalentes. Es al primero a quién le corresponde crear su propia red (colchón) de seguridad. Cuando además, la contratación, per se, es un acto de responsabilidad del que deben tomar conciencia legal las empresas. Se juega no sólo con la carrera y realización profesional de una persona sino también con el sustento de una familia.

……

La excepción a cualquier tipo de protección (tanto pública como privada) es, por tradición, Estados Unidos. Pero incluso allí, se instauró un programa de ayuda social cuando, como consecuencia de la Gran Depresión, demasiada gente se vio  fuera del mercado. Si el paro estructural – no dependiente de crisis o fluctuaciones económicas – pasa a ser del 25-30% (como ocurrió entonces), en lugar del actual 8%, o del habitual 4, resulta muy difícil obviar a las millones de personas que se quedan fuera (muchas veces vistas como víctimas necesarias, si no merecidas – sobre todo cuando son pocas). Máxime si el modelo se articula políticamente en torno a los valores de una democracia.

Norteamérica ha seguido manteniendo un sistema mínimo de protección social para hacerlo compatible con su marcado liberalismo. Pero esto también se ha visto favorecido por una enorme prosperidad, causa, no sólo consecuencia, de dicho liberalismo. Hablamos de circunstancias conducentes a un éxito económico extraordinario que va más allá del innegable espíritu emprendedor e iniciativa de esa sociedad. Así, fue su participación en la II Guerra Mundial y la posterior reconstrucción de Europa lo que relanzó su industria y posibilitó la imposición de reglas a medida en el comercio internacional. Y tanto o más importante, la implantación de su cultura en el consumo. Como fue el posterior mundo de bloques lo que mantuvo la tensión productiva y la innovación tecnológica, eliminado, además, competencia en el lado de la oferta del mercado. Y fueron las dictaduras y conflictos, bien provocados bien sostenidos artificialmente en países pobres pero con abundantes recursos, los que sirvieron al beneficio de su sola sociedad.

Pero hoy, la verdadera globalización – consecuencia del multilateralismo económico, social y político –, está llevando a los Estados Unidos a tener que aproximarse cada vez más al denostado modelo social europeo (ese que vino de la post-guerra). Igual que Europa está teniendo que racionalizar mucho el mismo modelo por los abusos y la frivolidad de los últimos años. En el contexto actual, ni una ni otra economía a cada lado del Atlántico tendrá ya músculo suficiente como para funcionar con un paro que le permita obviar sus miserias sociales. El porcentaje que funcione no tendrá más remedio que auxiliar al que no pueda, aunque quiera, funcionar, so pena de un gran desmembramiento social de enormes consecuencias no sólo en lo económico sino también en lo político.

Por todo ello, cuando desde el ámbito empresarial se pide tanto el abaratamiento del despido como la reducción de las cotizaciones (al margen de cómo esto repercuta en la confianza y comportamiento de sus propios consumidores), se evidencia un gran desconocimiento del impacto para occidente de la globalización. De tener éxito ambas demandas, sólo cabe desear que no nos pillen formando parte del paro estructural ni como víctimas de alguna crisis económica importante. Y así será en tanto no se corrija el desequilibrio causado por la polarización entre países básicamente productores-exportadores y aquellos otros sólo consumidores-importadores. Los primeros, los emergentes, tendrán que aumentar la calidad de vida de su población (redistribuyendo la riqueza) para animar al consumo interno, en tanto los desarrollados tendrán que esforzarse mucho más para volver a ser capaces de producir y exportar – esta vez a territorios que antes no contaban.

……

Para terminar, volviendo al título de este artículo, a mí si me ofrecen ser socio de mi empresa (el máximo compromiso), también renunciaría a mi derecho a indemnización, e incluso bajaría mi salario – no sé si como la mayoría de altos directivos  que planifican y ejecutan, al menor coste posible, los expedientes de regulación de empleo en tanto blindan sus contratos mucho más allá de cualquier garantía legal –. ¿Pero cuántas empresas se platean repartir beneficios con los empleados como compensación por un acuerdo de reducción salarial?  Dicho lo cual, flexibilidad sí, sobre todo cultural, para movernos, para cambiar, para ajustarnos a las circunstancias, pero sin burbujas inmobiliarias que nos sujeten y nos entrampen; con la mujer plenamente incorporada al mercado laboral en las mismas condiciones que los hombres; con servicios y medidas tanto públicas como corporativas que faciliten e incluso animen dicha flexibilidad (geográfica, funcional, horaria, salarial). Y en todo caso, ahí siguen los contratos por obra, a tiempo parcial, en formación, de duración determinada, mercantil. Cosa distinta es el compromiso que las empresas obtienen con ellos.

No se puede querer todo.

About fernando de souza diaz pavon

What's the reason of this blog? Mainly, to show something different to the mainstream; an alternative view on current affairs able to challenge the 'status quo'. And also because, by sharing my thoughts, I feel freer. If I become, to some extent, influential through this activity, I just hope to help others to feel the same. Why not? Thus, don't expect to find here what you can read in the newspapers.
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